Romanos 8:16-17 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Como puede ver, a través de la pascua, verdaderamente, si llegamos a ser hijos de Dios, tenemos que participar en los sufrimientos de Dios.
Pensemos en esto, el Padre Celestial y la Madre Celestial son el Dios verdadero.
Ellos son Dios todopoderoso.
Pero ellos vinieron del cielo para salvarnos, ellos dejaron su gloria y honor.
Y vinieron en carne.
Ellos sufrieron mucho.
Sufrieron muchas cosas debido a nuestros pecados.
Entonces, si realmente comprendemos este hecho, debemos compartir los mismos sufrimientos de Dios, predicando el evangelio, cuidando a nuestros hermanos, dejando nuestras insolencias, etc.
Y también debemos soportar los sufrimientos y dar gracias al Padre Celestial y la Madre Celestial con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente.
Y también debemos vivir en santidad como hijos de Dios.
Debemos retribuir el gran amor del Padre Celestial y la Madre Celestial.
Hagamos esto.
Glorifiquemos al Padre Celestial y a la Madre Celestial.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Como puede ver, a través de la pascua, verdaderamente, si llegamos a ser hijos de Dios, tenemos que participar en los sufrimientos de Dios.
Pensemos en esto, el Padre Celestial y la Madre Celestial son el Dios verdadero.
Ellos son Dios todopoderoso.
Pero ellos vinieron del cielo para salvarnos, ellos dejaron su gloria y honor.
Y vinieron en carne.
Ellos sufrieron mucho.
Sufrieron muchas cosas debido a nuestros pecados.
Entonces, si realmente comprendemos este hecho, debemos compartir los mismos sufrimientos de Dios, predicando el evangelio, cuidando a nuestros hermanos, dejando nuestras insolencias, etc.
Y también debemos soportar los sufrimientos y dar gracias al Padre Celestial y la Madre Celestial con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente.
Y también debemos vivir en santidad como hijos de Dios.
Debemos retribuir el gran amor del Padre Celestial y la Madre Celestial.
Hagamos esto.
Glorifiquemos al Padre Celestial y a la Madre Celestial.










La
iglesia primitiva cristiana, que empezó en Jerusalén, prosperó y se
expandió a Asia Menor, cerca de Israel, a Macedonia y llegó hasta Roma.
En este proceso, sucedió algo inevitable: un conflicto con la religión
romana.
Alrededor
del siglo II, la iglesia de Roma y algunas iglesias bajo su influencia
adoptaron el domingo como su día de adoración, pero las iglesias
orientales centradas en Jerusalén guardaban el sábado, el séptimo día,
como el día de reposo según las enseñanzas de la Biblia. Sin embargo, ya
que Constantino promulgó el Edicto de Milán en 313 d. C. que declaraba
la igualdad de todas las religiones, esto llegó a ser un punto decisivo
para el cristianismo.
Así
fue como el día de adoración al sol fue cambiado al día cristiano de
adoración. La Ley Dominical de Constantino, promulgada en 321 d. C.,
resultó en la solidificación de la posición de la iglesia de Roma. Ya
que Constantino había forzado con su autoridad a todas las personas bajo
el control del Imperio Romano a descansar el domingo, hasta las
iglesias orientales que habían seguido observando el día de reposo no
tuvieron más alternativa que seguir a la iglesia de Roma. Por supuesto,
los que deseaban preservar la verdad adheridos al día de reposo, se
escondían en los desiertos y en las montañas, pero era imposible impedir
que la adoración del domingo se extendiera a todas las iglesias. 








